Drops es una plataforma para montar campañas de oferta por tiempo limitado sobre catálogos de varios comercios. El precio y la disponibilidad salen de la ficha real de cada producto, la cuenta atrás sale del dato y no de una etiqueta, y cada salida hacia el comercio viaja con su propio código para poder contarla.
Las tres aparecen en cuanto la oferta deja de ser de una sola marca.
El comercio agota el producto o cambia el precio en su sitio, y la campaña sigue mostrando lo de ayer. Quien llega y no encuentra lo que vio deja de confiar en el evento entero.
Cada marca manda su lista en un formato distinto, con fotos aparte y precios que hay que verificar a mano. Con decenas de comercios, la operación se convierte en transcribir en vez de vender.
El pixel del comercio mide la venta de su sitio completo, así que atribuirle a la campaña todo lo que pasó mientras estaba al aire infla la cifra. Sin un identificador propio en la salida, la discusión sobre el resultado no tiene con qué cerrarse.
Todo lo de abajo es comportamiento del sistema. Nada de esto hay que sostenerlo a mano durante la campaña.
La cuenta atrás y los estados de próximo, activo y agotado salen de las fechas y del inventario, así que no dependen de que alguien recuerde cambiar una etiqueta. Cuando una oferta termina, deja de estar disponible sola.
Se pega la dirección de un producto y la plataforma lee de esa página el nombre, el precio y la disponibilidad. Cuando el producto tiene variantes con precios distintos, lo dice en vez de elegir una por su cuenta.
Antes de publicar, cada producto se comprueba contra la ficha del comercio. Y si esa ficha no declara disponibilidad, la plataforma lo marca como desconocido: decir que algo está disponible cuando nadie lo afirmó es peor que no decir nada.
Cada comercio entra con su propia cuenta y administra lo suyo, incluidas las marcas que agrupa. Un comercio nunca ve ni edita el catálogo de otro, y eso lo garantiza el permiso en la base y no lo que muestre la pantalla.
Cada botón que manda a un comercio pasa por un enlace propio con su identificador, así que se puede contar cuántas salidas hubo, hacia dónde y desde qué pieza. Es una cifra propia y no una estimación del comercio.
La gente entra a la campaña desde un mensaje y queda activada con su origen registrado. El mismo identificador acompaña después a la redirección, así que se sabe qué entrada produjo qué salida.
El comercio carga su oferta, la revisa y ve su resultado sin pedirle nada al organizador. Puede embeberse dentro del backoffice que ese comercio ya usa, para que no sea una herramienta más con otra contraseña.
El sistema avisa cuando algo deja de responder o una cifra se cae, y avisa a quien corresponde. En una campaña con ventana de horas, enterarse al día siguiente es enterarse tarde.
Qué se destaca en la portada se decide aparte de qué existe en el catálogo, así que curar la primera pantalla nunca deja fuera del buscador a lo que no se destacó.
Es la parte que decide si una campaña de varios comercios se puede evaluar o se discute a opinión.
Cuánta gente entró a la campaña y por qué puerta. Se cuenta con el identificador que la plataforma genera, así que no depende de que ninguna herramienta externa esté bien configurada.
Cuántas veces se mandó tráfico a cada comercio, desde qué pieza y hacia qué producto. Cada salida pasa por un enlace propio, así que la cifra es del organizador y no del comercio.
La venta cerrada ocurre dentro del sitio del comercio y su medición cuenta el sitio completo. La plataforma no se la atribuye, y decirlo de frente es lo que hace defendibles las otras dos cifras.
La plataforma sale con tu marca y en tu dominio. El dato de la campaña es tuyo.
// OWNERSHIP > LICENSINGLa plataforma se sirve con la identidad del organizador y en su propia dirección, con acceso restringido mientras la campaña se prepara y abierto el día que arranca.
Cada comercio recibe su cuenta y su alcance. Lo que puede ver y editar sale de esa cuenta y no de la dirección que abra, que es la diferencia entre un permiso y una convención.
Las ofertas entran por la dirección del producto y quedan verificadas contra la ficha del comercio antes de publicarse, con las que no se pueden leer marcadas para revisión manual.
Se fija la ventana, se congela lo que no debe cambiar y quedan corriendo las alertas. Durante la campaña el equipo mira una sola pantalla.
No procesa el pago ni gestiona el pedido. La compra ocurre en el sitio del comercio, con su pasarela y su logística, y la plataforma se detiene en la puerta de entrada de ese sitio.
No mide la venta del comercio. Puede contar cuánta gente mandó y hacia dónde, y ahí termina lo que puede afirmar con dato propio. Cualquier cifra de venta que se le atribuya viene de la medición del comercio y hay que rotularla como tal.
Y no arregla una oferta que no es buena. La plataforma hace que la campaña sea verificable, que la disponibilidad sea cierta y que el resultado se pueda contar. Lo que se ofrece y a qué precio sigue siendo una decisión comercial de cada marca.
No hace falta integración. La plataforma lee la ficha pública de cada producto para traer nombre, precio y disponibilidad. Cuando un sitio bloquea esa lectura, ese comercio carga sus ofertas a mano en su panel y el resto sigue funcionando igual.
La verificación se repite y el producto cambia de estado. Es la razón de leer la ficha real: una lista cargada al principio envejece en horas cuando hay descuento fuerte.
Sí, es como se entrega. Identidad, dominio y contenido son del organizador, y la plataforma no aparece nombrada delante del comprador.
Funciona con una, pero rinde cuando hay varias: lo que resuelve es la operación de reunir oferta de comercios distintos, verificarla y medir a dónde va cada salida. Con un solo catálogo, la ficha del propio sitio suele bastar.
La activación y la redirección entran como eventos en la plataforma de datos de clientes cuando la empresa la tiene, así que quien entró a una campaña deja de ser un número suelto y pasa a ser una persona con historial.
Puede operarla tu equipo con el panel, o podemos acompañar la operación. Las dos formas se deciden antes de empezar, porque cambian cuánta gente hace falta durante la ventana.
Con saber cuántos comercios participan y en qué plataformas está su catálogo, se puede decir qué se lee solo y qué necesita carga manual.
Pedir una demostración →